El Mito del Origen

Había una vez una flor, una piedra, un cristal, una reina, un rey, un palacio, un amante y su amada, en algún lugar, hace mucho, mucho tiempo, en una isla en medio del océano…

…Y en esa isla, el orden era perfecto. La flor conocía su belleza sin necesidad de espejo. La piedra conocía su solidez sin necesidad de ser golpeada. Y el rey y la reina gobernaban en perfecta unión, pues eran dos rostros de un solo ser. El palacio era el cosmos entero, y el océano que lo rodeaba no era una amenaza, sino un espejo de plata que reflejaba la paz de la isla. Pero el palacio, tenía un eco. Un susurro traído por el viento. La promesa de ‘otros mundos’, la canción de ‘otros reyes’ y ‘otras leyes’ más allá del horizonte. Y una parte del alma de la isla, la más joven, la más curiosa, la que anhelaba ‘aprender’, comenzó a escuchar ese eco más que a la música de su propio jardín. Un día, esa parte del alma construyó una pequeña embarcación.

Y zarpó. No por malicia, sino por un anhelo de conocer lo ‘otro’. Y al cruzar el horizonte, al perder de vista la costa de sí misma, el gran viento del mundo la golpeó. Y la pequeña viajera… olvidó.

Olvidó el palacio. Olvidó la isla. Olvidó que era reina. Y comenzó a creer que ella no era más que su embarcación, y que su única tarea era remar para no hundirse en el mar ajeno. Se convirtió en una servidora de la marea, una esclava del viento. Se convirtió en una ‘Sierva Aplicada’ en las cortes de reyes extranjeros.

Nuestra travesía es un viaje de regreso. Es el mapa que esa alma perdida ha dibujado, con su propia sangre y sus propias lágrimas, para, por fin, encontrar el camino de vuelta a la isla que nunca, jamás, dejó de existir.